lunes, 1 de noviembre de 2010

El SIG: oro o espejitos

El Salón Internacional de Gastronomía de Caracas clausuró ayer su edición 2010, celebrada en esta ocasión en la terraza del recién estrenado Centro Comercial Líder.
Yo, lamentablemente pude asistir a sólo una de las jornadas, la del sábado y recorrer la expo, entrar a algunas catas y escuchar a uno de los invitados internacionales invitados: el chef peruano, Christian Bravo.
Estuve aproximadamente 5 o 6 horas en el lugar y a diferencia de otros años en lo que prácticamente acampaba en el CIEC de la Universidad Metropolitana mi experiencia en esta ocasión fue corta pero intensa,
Mis impresiones las resumiré en una sola palabra: decepcionante.
Para mi y estoy segura de que para todos los que en este país reconocen esta cita como la gran fiesta de la gastronomía, esta fue algo así como una verbena… a ratos divertida, a ratos deprimente y con la música con demasiado volumen.
Son muchos factores los que confluyen aquí para explicar o para tratar de entender qué fue lo que pasó: El SIG de este año fue una clara muestra de cómo está el país en su totalidad.
Una empresa privada ahogada que intenta sobrevivir sin sacrificar sus márgenes de ganancias, un Estado que no apoya la iniciativa porque no es “socialista” (a pesar de que la difusión de la cultura gastronómica debería ser política de estado), un ciudadano común que “paga” las consecuencias porque ninguno de los dos anteriores quiere perder.
Yo, honestamente no quisiera tener que criticar el SIG en esta mi humilde palestra, pero a pesar de que disfruto los privilegios de una credencial de prensa, debo ponerme en los zapatos de los que pagaron 200 bolívares para entrar a un evento en decadencia que no ofreció ni la variedad, ni los niveles de producción y logística, ni la calidad de otros años.
Yo no quiero que los organizadores del SIG bajen los brazos y se dejen llevar por la corriente destructora que ha acabado con grandes fiestas de la cultura como era el Festival Internacional de Teatro (por poner  tan sólo un ejemplo), pero si quisiera respeto para todos los involucrados.
No podemos tener un evento a la altura de la Venezuela sibarita y boyante de otras épocas, no podemos. Pero si podríamos tener un evento que se apoye en la creatividad y la fortaleza de un grupo como el “Venezuela Gastronómica” y en los cientos de microempresarios que hay por todo el país impulsando sus creaciones gastronómicas. 
Claro, no hay lingotes de oro al final del camino, pero tampoco se trataría de vender espejitos o espejismos que es aún peor.

3 comentarios:

C.Apitz dijo...

Muy bien dicho Zinnia, las cosas hay que llamarlas por su nombre, si este nuevo empresario que asume la organizacion del SIG falla en ver y asumir sus debilidades, el evento del año que viene sera aun mas caro y mas malo que este.
Y aunque no soy fan de Ben Ami Fihman, no se le puede negar que el equipo que tenia, aunque no era perfecto, hacia un buen trabajo a la hora de organizar un evento multitudinario como el SIG.
Y lo otro es lo de siempre, Venezuela entera no tiene donde hacer este tipo de eventos, seguimos teniendo mentalidad de pueblito aunque aspiramos a la multipolaridad universal.
No se trata de desangrar con altisimos precios -y mala calidad- a los participantes y expositores a costa de la ganancia.Se trata de ofrecer un evento de calidad y bien organizado donde todo el mundo salga satisfecho; y un cliente satisfecho vuelve, el que salio bravo no regresa y pasa la voz.

Nantrónica dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nantrónica dijo...

Gracias Zinnia, disfruté una opinión objetiva y concreta, yo quiero seguir apoyando al SIG, reconozco que las cosas han cambiado y hemos desmejorado, pero hay detalles de la calidad que habíamos ganado que no podemos abandonar por priorizar los números rojos y dejar en segundo lugar los aportes, si no hubiese una Gastronomía Venezolana de ORO que fue mostrada en el evento habría sido nulo. Todos debemos sacrificar algo para que esto siga, especialmente los nuevos dueños, que nos han reducido tanto en la calidad que recibíamos, debian haber cobrado la mitad, debía haber más humildad al ofrecer un evento rústico para que no esperáramos más y nos sinceráramos en que todos juntos debemos volver a trabajar con las uñas, desde las cenizas como el ave fénix, pero todos juntos. Hay una reflexión que hago en mi blog http://quebocota.blogspot.com y tambien hago una lista de todos los comentarios que leido de los bloggers incluyendote a ti, donde coloqué un link a tu opinión bien constructiva y capitalizable por el SIG.

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